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Los municipios de Huelva pierden población

 

Es un hecho, los pueblos de la provincia de Huelva están perdiendo población, pero no es una cuestión única de la región, sino que responde a la tónica general que se está viviendo en todo el país. Un dato, el 56 por ciento de los pueblos del padrón municipal español perdieron población entre los años 1996 y 2014, según un análisis realizado por Europa Press a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística. Mientras, 1.286 localidades tienen menos de 100 personas censadas.

Concretando un poco más, entre 2015 y 2016, España perdió 67.374 habitantes, concentrado mayoritariamente en las áreas rurales, ya que la suma de población de las capitales de provincia españolas ha ganado unos 14.000 habitantes durante el último año. Por lo tanto, es una evidencia de que los habitantes rurales buscan las grandes ciudades para desarrollar sus vidas.

La provincia de Huelva no se libra de esta realidad, no en vano, es una de las 36 provincias , según la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), en las que la población ha caído, es más, el 32 por ciento de los municipios no superan los 1.000 habitantes, cifra límite que para declarar un municipio en ‘peligro de extinción’ por esta misma entidad.

Indagando un poco más en los datos, resulta que 26 de los 79 municipios de la provincia, no sobrepasan el millar de habitantes, es más, 16 de ellos no superan ni los 500 ciudadanos censados, como por ejemplo los casos de Berrocal, Cañaveral de León, Castaño del Robledo, Cortelazor, Cumbres de Enmedio, Cumbres de San Bartolomé, La Granada de Riotinto, Hinojales, Linares de la Sierra, Los Marines, La Nava, Puerto Moral, Sanlúcar de Guadiana, Santa Ana la Real, Valdelarco y Villanueva de las Cruces.

Uno de los casos más significativos es Cumbres de Enmedio, que en 2016 contaba con tan sólo 50 habitantes, aunque no ha sido su peor año de la última década, ya que en 2006 contaba con sólo con 44 personas en su censo, aunque su población se haya incrementado, su futuro parece ya escrito.

Al igual que el municipio serrano, de esa particular lista negra hay otros municipios que desde hace años sus cifras censales sólo hacen bajar y están en una situación de peligro como Cumbres de San Bartolomé, que desde 2006, baja población; La Granada de Riotinto, que en el último año ha bajado de los 200 habitantes; o El Granado, que desde 2012 no ha incrementado su censo.

Estos municipios se encuentran en tres comarcas: El Andévalo, Sierra de Aracena y Cuenca Minera, un claro signo de cómo la situación económica es uno de los condicionantes de este éxodo, ya que estas comarcas son las que más condicionadas han estado a los azotes de la economía. No obstante, especialmente significativa es la situación de la comarca de la Cuenca Minera, puesto que todos sus municipios han ido perdiendo población en la última década, ni siquiera Minas de Riotinto o Nerva han podido retener el éxodo de las poblaciones vecinas.

En la Sierra, municipios como Arroyomolinos de León, Corteconcepcion, Cumbres de San Bartolomé, Zufre o Santa Olalla del Cala han ido perdiendo población de manera progresiva desde 2006, según el INE, aunque la caída se acrecienta desde 2012. Mientras, municipios más grandes como Aracena sí que ha conseguido atraer la población vecina, lo que se sobreentiende que muchos ciudadanos se trasladan a las localidades cercanas más grandes en busca de una oportunidad laboral.

 

Motivos del éxodo

Centrarse en un único motivo para el despoblamiento de estas zonas no sería justo, puesto que cada caso es un mundo, pero todo parece indicar que existe una serie de circunstancias parecidas. Por un lado, la baja natalidad. Las parejas han reducido el número de hijos dada las circunstancias económicas de la época y la incorporación de la mujer al mercado laboral. Décadas atrás era normal que las familias fueran numerosas, pero esa idea ha cambiado. A ello habría que añadir el envejecimiento de la población. La calidad de vida va en aumento y las poblaciones rurales se envejecen cada vez más, una característica poco atrayente para los jóvenes, por lo que es un elemento más para que emigren.

No obstante, el principal motivo para que estos pueblos se vean despoblados es el empleo. La agricultura, la ganadería o la minería han ido perdiendo fuelle con los años a favor de los servicios y la industria, aunque en Huelva esta cuestión fue una excepción puesto que en la última década la agricultura, más concretamente la de los frutos rojos, ha sido la principal fuente de riqueza de algunos municipios, sobre todo del Condado, Campiña y Costa. Pero la crisis de 2012 afectó a todos los sectores por igual. Esta falta de trabajo ha provocado que muchos hayan decidido marcharse de las zonas rurales a pueblos o ciudades con mayores oportunidades o recursos.

Pérdida de población, en la capital

Pero la capital tampoco se libra de esta fuga de población, puesto que el pasado año, la cifra se situaba en 145.468 habitantes, bastante lejos de los 149.310 habitantes que tenía en 2010, su cifra récord, desde entonces, sólo se ha ido perdiendo población. Obviamente, está ligado a la situación laboral y económica que ha vivido la ciudad, lo que ha provocado que muchos jóvenes, sobre todo, hayan decidido emigrar a otras zonas.

Pueblos ya abandonados

Pero la Historia ya atesora crónicas de lugares extintos, una decena de aldeas que desde hace años no se puede contar su presente, porque no son habitadas por nadie. Es el caso, entre otras de Estación De Buitrón (Zalamea), Huerta De Las Veredas (Bonares), Mina de Santa Catalina (El Granado) o Santa Eulalia (Almonaster). Los motivos de la extinción son múltiples, desde las propias de la tasa de natalidad o mortalidad, hasta las relacionadas con la oportunidades económicas. Otras aldeas, sin embargo, desaparecieron por otros motivos, bélicos fundamentalmente, como es el caso de El Membrillo o el Gallego, que tanta literatura ha generado, además.

Pero parece que aún hay esperanza, puesto que algunas de esas aldeas abandonadas están volviendo a la vida, como puede ser el caso de El Calabacino, Puerto de la Laja o La Juliana, a cuyas calles están volviendo personas y familias que quieren vivir otro tipo de vida más allá de la que someten las grandes localidades. Lo peor no es que estos pueblos puedan desaparecer, sino que con ellos también se irá disipando en el tiempo el patrimonio y la historia que albergan estas localidades, que aunque en segundo plano en la mayoría de casos, han sido importantes para el devenir de la provincia.

 

 

Texto: Manuel Rodríguez.

Imágenes: José Carlos Sánchez Rodríguez (Infonuba).

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